(III) L’Annunciata

Antonello Da Messina, Museo Nazionale, Palermo, siglo XV.

Del fondo oscuro, negro del cuadro, se desmarca un rostro luminoso, cubierto con un manto de color azul vibrante. Antonello da Messina retrata a la Virgen María en el momento en que recibe el anuncio del Ángel Gabriel.

Si miramos los ojos negros, profundos de la Virgen, notamos que observan, están atentos, mirando algo – o mejor, escuchando a alguien – que está fuera de la vista del publico; de hecho, la luz que ilumina el rostro de María sigue la trayectoria de su mirada, es decir, viene de fuera del marco del cuadro.

María se encuentra delante de un libro abierto, seguramente el libro de los salmos, con los que estaba acostumbrada a rezar. Y mientras estaba concentrada en su rezo diario, fue sorprendida por una presencia, por eso levanta su mano derecha como señal de temor: «(…) envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen. (…) El nombre de la virgen era María. Y entrando le dijo: <<Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo>>. Ella se conturbó con estas palabras y se preguntaba que significaría aquel saludo. El ángel le dijo : <<No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios>>. (San Lucas 1, 26-30)

Con la mano izquierda cierra el manto a la altura del pecho. Siempre me he preguntado porque Antonello da Messina representó a María en esta postura y llegué a una conclusión. Para mi, el pintor con este gesto quiso simbolizar la Virginidad de María al momento del concebimiento de Jesús, así como viene relatada por los Evangelios: <<vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús>>. María respondió al ángel: <<¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?>>. (San Lucas 1, 31-34)

Antonello da Messina viste a María no solo con los colores iconográficos que le corresponden, sino que sobre todo, en la época del Renacimiento, se empezó vestir a la Virgen con un manto de color azul, representando así Su humanidad. Además, por debajo del manto lleva un vestido rojo, indicando no solo que es llena de gracia, como dijimos anteriormente, sino que también, es el color símbolo de la Divinidad. ¿Pero a cual divinidad nos referimos? En el instante en que María pronunció esta palabra: «Fiat», es decir, <<He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra>> (San Lucas 1, 38). En su vientre concibió a un niño que será llamado <<Hijo del Altísimo y el Señor la dará el trono de David, su padre; reinará por los siglos y su reino no tendrá fin>>. (San Lucas 1,32-33)

Que el Señor nos conceda solo un cuarto de la fe de María……

Tiziana valendino

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