ASCENSION DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO: Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Todopoderoso.

“LA GLORIA”, Tiziano

El cuadro “La Gloria” de Tiziano, fue encargado por el Emperador Carlos V, en torno al año 1550. Durante los últimos años de vida del emperador, la obra fue conservada en el Monasterio de Yuste, última residencia de Carlos V. Actualmente podemos admirar esta grandiosa obra en el Museo del Prado.

Tiziano divide la obra en tres registros ascendentes. En primer lugar, encontramos la Santísima Trinidad: Dios Padre y Dios Hijo con túnicas de color azul celeste, símbolo de la divinidad, entronizados sobre una nube, rodeados de Querubines; cada uno sosteniendo en sus manos respectivamente un orbe sobre el que se apoya la cruz y en la mano derecha el cetro. Entre ellos la paloma, símbolo por excelencia del Espíritu Santo: “Se abrió el cielo y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma, sobre él” (Lucas 3, 21-22).

Según los Padres de la Iglesia, el Misterio de la Ascensión proclama que Cristo, resucitado de entre los muertos, ha recibido del Padre el cumplimiento de la gran promesa, goza ya de la herencia eterna. Cristo es el Rey del universo y Señor de la historia, es decir, empieza a tomar posesión definitiva de la realidad: “Dios es todo en todo”, (San Pablo, Cor 15,28). Jesús entra en lo eterno, sentado a la derecha del Padre, y desde allí posee toda la realidad desde su raíz. Lo expresa muy bien el Obispo Emérito de Reggio Emilia (Italia), Don Massimo Camisasca: “El cielo y la tierra están unidos. Son una cosa sola”.

El registro superior lo completa la presencia de María, vestida con una túnica azul celeste. Detrás de ella, Tiziano refigura a San Juan Bautista; sin embargo, el santo no lleva las habituales vestimentas que le atribuye la iconografía, es decir, piel de camello, que recuerda su pasado como predicador en el desierto. Aquí, Tiziano lo representa vestido con una túnica blanca que le cubre la cintura y las extremidades inferiores, mientras que el torso está desnudo.

La Virgen y San Juan Bautista, no son solo los que precursores de la venida del Mesías, sino que en el juicio final son los que interceden entre Dios y la humanidad. Es precioso como Tiziano pinta a la Virgen, delante de Dios Padre, avanzando hacia ÉL, pero girada, mirando atrás al gentío. Es María que guía el pueblo de Dios, Ella es la Puerta del Cielo.

En el segundo registro, encontramos al Emperador Carlos V, con túnica blanca, despojado de todos los atributos de poder, arrodillado e implorando delante de la Trinidad. Los historiadores cuentan que Carlos V estaba acostumbrado a rezar delante del cuadro de Tiziano en Yuste, en sus últimos días de vida. Aquí, Tiziano, seguramente obedeciendo a los deseos del emperador, que le había comisionado la pintura, quiere subrayar la superioridad del poder de Cristo como Señor de la historia, frente a todos los poderes temporales, representados por la presencia de la familia real de Carlos V, detrás de él. De hecho, podemos reconocer a la Emperatriz Isabel de Portugal, así como el príncipe Felipe (futuro rey Felipe II). Las figuras femeninas, una con el velo blanco y la otra con el cabello al descubierto, los historiadores las identifican como la hermana del Emperador, María de Hungría y la princesa Juana, hija de Carlos V.

El tercer registro representa el cumplimiento de la historia del pueblo de Israel; dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. (San Mateo 5, 17-37). En el registro inferior se refigura a los profetas y personajes del Antiguo Testamento, con sus respectivos atributos iconográficos. El rey David, vestido de azul con el arpa, que recuerda ser él, el compositor de los Salmos, Moisés con túnica rosa, llevando las Tablas de los diez mandamientos, Noé con el arca de la alianza, encima de la cual se posa una paloma, símbolo de la alianza de Dios con la humanidad. Quiero subrayar la presencia de la paloma, justo en el centro del cuadro y en línea recta con la paloma que representa el Espíritu Santo. Tiziano, aquí subraya la continuidad del Antiguo y Nuevo Testamento, el cumplimiento de la Promesa que Dios hizo desde el principio y que se cumple en Su Hijo Jesús Cristo.

A lado de Moisés, encontramos al profeta Ezequiel que tiene entre la mano un pergamino. En dicho pergamino el pintor quiso firmar su nombre: TITIANVS.

Todas estas figuras son de dimensiones gigantes y ascendentes, es decir, dan la espalda al espectador y se dirigen hacia la Trinidad. Tiziano, con este otro detalle, subraya su intención de que Cristo ha venido a dar continuidad a la historia de salvación del pueblo de Israel.

Me parece muy acertado el nombre que se dio a esta pintura «La Gloria»; Tiziano une a toda la Iglesia: triunfante y peregrina. De hecho, con el Misterio de la Ascensión, según recita el Credo, Jesús subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios todopoderoso, y desde allí nos prepara un sitio: “voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros”, (San Juan 14, 2-3). Esta es la promesa, para que también nosotros – yo – pueda participar un día de la Iglesia triunfante.

Tiziana Valendino

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