Mi nombre está TATUADO en la palma de la mano de Dios.

La semana pasada estaba absorta leyendo el Cantico 49 de Isaías: «(…) Así dice Yahveh: En tiempo favorable te escucharé, y en día nefasto te asistiré. Yo te formé y te he destinado a ser alianza del pueblo, para levantar la tierra, para repartir las heredades desoladas, para decir a los presos: «Salid», y a los que están en tinieblas: «Mostraos». Por los caminos pacerán y en todos los calveros tendrán pasto. No tendrán hambre ni sed, ni les dará el bochorno ni el sol, pues el que tiene piedad de ellos los conducirá, y a manantiales de agua los guiará. Convertiré todos mis montes en caminos, y mis calzadas serán levantadas. Mira: Estos vienen de lejos, esos otros del norte y del oeste, y aquéllos de la tierra de Sinim. ¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues Yahveh ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido.»

En particular, me focalicé en estos versículos: «Pero dice Sión: «Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.» – ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.

Estas pocas líneas del cantico de Isaías me recordaron una pintura, cuyo nombre es «Dejar que los niños vengan a mi», de un artista contemporáneo alemán, entre finales del siglo XIX y principio del siglo XX: Fritz Von Uhde.

¡Fritz Von Uhde es un pintor que me apasiona!!!. Sin embargo, en este articulo no me detendré en hablar de este artista y de sus obras, porque tengo pensando hablar en la próxima entrada.

La pintura del artista alemán «Dejar que los niños vengan a mi», como su mismo nombre nos recuerda, representa la escena del Nuevo Testamento, Marcos 10, 13-16, en el que se cuenta que: «En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo. Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: <<Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él>> Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos».

La particularidad de Fritz Von Uhde es que pinta la escena que relata el Evangelio en clave contemporánea, es decir, Jesús con vestimenta de su época, sentado en una silla de madera maciza, en una casa del siglo XIX con suelo de terracota. Aquí, se acercan los vecinos del pueblo, para que Cristo conozca y bendiga a sus hijos; como en el relato del Evangelista Marcos: «En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara ….»

Los papas y mamas de los niños son gente sencilla – más bien humilde -, como su corazón, que tal vez obedeciendo a una invitación del cura del pueblo (el hombre vestido de negro con cabello blanco, parece un sacerdote, con un alzacuellos blanco, cerca de una ventana, detrás de una mujer inclinada hacia su hijo), les propuso ir a ver a un hombre extraordinario que él conocía y ellos o bien se fiaron o ya habían escuchado hablar de El, por tanto era la ocasión de conocerLe.

¿Por qué en mi cabeza uní el cantico de Isaías con el cuadro de Fritz Von Uhde? Porque en la pintura del artista alemán vi concretizarse, encarnarse el salmo 49 de Isaías, en particular esta frase: «en las palmas de mis manos te tengo tatuada«; veo a Jesús que memoriza, se tatúa – es precioso ese verbo – en sus venerables manos los nombres de cada uno de los niños que se le presentan. Es más tiene tatuados los nombres de cada hombre y cada mujer de este mundo.

¿Qué significa escribir en la palma de la mano algo? Significa escribir lo esencial para no olvidar; cuando éramos pequeños lo hacíamos a menudo.

Dios tiene tatuado en su mano mi nombre: Tiziana. Esta certeza nace de la experiencia de tener alguien cercano que se «tatuó» en la palma de su mano mi nombre, relacionándolo con mi Destino. Esta es la eternidad que empieza en mi vida terrenal.

Tiziana Valendino

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