AMÉN

«LA CORONACÍON DE LA VIRGEN», Diego Velázquez

22 de agosto.

“La coronación de la Virgen” fue pintada por Diego Velázquez para el oratorio de la reina Isabel de Borbón, primera esposa del rey Felipe IV en el Alcázar de Madrid.

No existen escritos sobre cuando fue realizada la obra. Los historiadores, basándose en varios datos históricos, piensan en que la fecha probable de su realización fue entre el 1636 y 1644.

La obra permaneció en el antiguo Alcázar hasta 1734, fecha en la que se produjo el incendio que arrasó el palacio de los Austrias. Más tarde, el cuadro fue trasladado al Palacio del buen Retiro y luego al recién construido Palacio Real de Madrid. Finalmente, desde 1819 se encuentra en el Museo del Prado en Madrid.

Este cuadro es una de las pocas obras de Velázquez con carácter religioso.

El tema de la “Dormición de la Virgen” y su posterior coronación es relatado desde el siglo XIII, por ejemplo, por Santiago de la Vorágine, que en su “Leyenda Dorada” pone en boca de Jesucristo las siguientes palabras: “Ven querida madre mía; ven conmigo a compartir mi trono, porque me tienes cautivado con tu hermosura (…) Ven desde el Líbano, que vas a ser coronada”. María contestó: “Voy Señor voy, que en el libro de la Ley se dice de mí que en todo y siempre haré tu voluntad y que mi espíritu se complace en ser fiel a tus deseos, ¡oh, mi Dios y Salvador!”

En el cuadro de Velázquez aparece la Virgen María coronada como Reina del Cielo por la Santísima Trinidad. Antes del Siglo XV, este mismo tema se representaba con la única presencia de Cristo que imponía la corona a su Madre.

Aquí abajo algunos ejemplos:

Jerónimo Vicente Vallejo Cosida

Velázquez introduce unos cambios respecto a la ecografía tradicional. En primer lugar, presenta a Dios hijo totalmente vestido – algo inusual en el arte español, en el cual Cristo se representaba con el torso desnudo para que enseñara las llagas de la Pasión -. En segundo lugar, Dios Padre es un anciano calvo – así desobedece a los consejos de Pacheco que en el “Arte de la pintura” escribe que el padre Eterno de la Trinidad debe dibujarse “no calvo, antes con cabello largo i venerable barba”-. En tercer lugar, la corona de la Virgen María es de flores y no de oro – como es habitual – y, además, Velázquez introduce una novedad: la representa con una mano apoyada en Su Corazón – mientras que la tradición indicaba que la Virgen debía tener una posición orante o con los brazos cruzados sobre el pecho.

La mano de María apoyada en Su Corazón es un detalle muy interesante; ya en el siglo XVII cobraba fuerza la devoción al Sagrado Corazón de María. El sacerdote francés San Juan Eudes escribió sus primeras obras sobre el corazón de María en el siglo XVII y desde entonces, pasando por las sucesivas apariciones de la Virgen, llegamos al 1952, cuando el Papa Pio XII consagró al Inmaculado Corazón de María a “los pueblos de Rusia”, con una carta apostólica “Consagración de Rusia al sagrado corazón Inmaculado de María, 7 de julio 1952″.

Además, la misma composición de la obra nos da una clave de lectura muy novedosa: En primer lugar, la Virgen, con su cabeza, brazos y piernas forman casi un rombo perfecto. En segundo lugar, la paloma que representa el Espíritu Santo dibuja un eje vertical que se prolonga en la cabeza de la Virgen, dando así una sensación de orden. En tercer lugar, la Santísima Trinidad es la base de un triángulo invertido, cuyo vértice son los pies de María. Por último, Velázquez – gran admirador de Tiziano y Rubens – utilizando esta policromía de colores vivos para las vestimentas de los personajes de la obra, logra que el ojo pueda visualizar un enorme corazón definido por los paños y curvaturas en pico en que termina el manto de la Virgen. Todo para subrayar más esta creciente devoción al Sagrado Corazón de María desde el siglo XVII; compartida por la misma reina Isabel de Borbón, destinataria de la obra.

La coronación de María es el culmen de esta obediencia que caracteriza toda la vida de la Madre de Jesús; desde la Anunciación, pasando por la Pasión, Crucifixión y Resurrección de Su Hijo, ella dijo FIAT o aún mejor AMEN.

Una vida traspasada, definida por una palabra “AMEN”, es decir, “ASÍ ES”.

Este “SI” que la convierte en Hija, Madre y Esposa justifica su coronación como Reina del Cielo, del Universo, es decir, nuestra Intercesora. María no se ha tenido todo este don para ella, sino que nos lo ha donado a través de la Iglesia, porque Ella misma es la Iglesia, lugar donde podemos, como ella, tener una amistad con el Cristo, Señor del Tiempo y de la historia. Una amistad, a través de la cual la amamos y nos ama.

Tiziana Valendino.

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