Hoy 29 de marzo de 2026, Domingo de ramos en la Pasión del Señor, escuchando la homilía de Julián Lozano, Párroco de la Parroquia San Pablo VI en Móstoles, me vinieron a la memoria dos pinturas que reproducen perfectamente las palabras de este sacerdote.
Pero, en primer lugar comentamos las obras pictóricas.
Las pinturas en examen son de dos pintores flamencos del barroco; los dos nacidos en Amberes: Peter Paul Rubens (1577–1640) y Anton Van Dick (1599–1641). No solo son de la misma época, sino que además, Van Dick pasó dos años trabajando en el taller de Rubens adquiriendo una gran influencia de la pintura de éste, sobre temática religiosa, mitológica y retratos.


Rubens viajó a Italia en 1600 y conoció las obras de dos grandes pintores del Renacimiento, exponentes de la escuela Veneciana, Tiziano y Tintoretto. Pero sobre todo, descubrió a un nuevo y revolucionario pintor, Caravaggio que lo encaminaría por las salomónicas sendas del Barroco. Ahí empieza a adoptar lo que ya se convertiría en su estilo: sensualidad, colorido, y un dinamismo hasta ahora nunca visto. También, Anton, alrededor del 1620 -siguiendo los pasos de su mentor-, viaja a Italia y se interesa de las obras de Tiziano, Tintoretto, Paolo Veronese. De esa estancia italiana nace el «Cuaderno italiano»; un documento en el que, Van Dick recoge esbozos y retratos de personajes relevantes.
La primera pintura que tomamos en consideración es la «Coronación de espinas» de Anton Van Dick (esta obra fue un regalo para su maestro Rubens). Se encuentra en el Museo del Prado.

Anton tenía unos 20 años cuando pintó esta obra, en la que vemos una clara influencia veneciana (ese Jesús parece pintado por Tiziano, de hecho, él también hizo su maravillosa y violenta «Coronación). Van Dick representa el escarnio de Cristo relatado en los Evangelios «Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban; (…) Y le insultaban». «Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a él, le decían: «Salve, rey de los judíos». Y le daban bofetadas.» La escena se desarrolla en una habitación oscura, Cristo está rodeado por unos soldados -que tienen muy poco de romanos, su vestimenta es más bien flamenca del siglo XVII-. Los soldados entregan a Cristo los atributos de la Pasión: la corona de espinas con la caña como cetro, para que sea el rey que afirma ser; está atado «como cordero que fue llevado al matadero» (Isaías 53,7). Del cuadro emerge, claramente, el sufrimiento, la opresión y el silencio ante la crueldad, Él más inocente, no se defiende ni abre la boca ante sus verdugos. Jesús manso y obediente hasta la muerte.



Dos personas, fuera de la habitación, miran la escena. Son dos hombres: uno parece expresar tristeza, preocupación, el otro enfado, indignación. Según, mi humilde parecer, es posible que sean dos de sus apóstoles. En particular, Pedro y Juan. Según los Evangelios: «Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro». La tradición de la Iglesia siempre ha identificado a «este discípulo conocido por el sumo sacerdote», con el apóstol y Evangelista San Juan; parece que el «discípulo amado», por su evidente conocimiento de la Torá y de la cultura griega y latina, antes de seguir a Jesús durante sus tres años de vida pública, acudía con frecuencia al sanedrín y a los centros de estudios.
Aunque, hay que subrayar que Anton Van Dick coloca a los dos apóstoles en el lugar equivocado: Cristo viene azotado en el pretorio del gobernador Ponzio Pilato por los soldados romanos, no durante el interrogatorio en casa de Caifás.

El perro a los pies de Cristo y con una actitud muy agresiva, me ha impactado mucho. Es posible que sea simplemente un perro de guardia, sin embargo, yo veo una analogía con un personaje muy importante en toda la pasión de Cristo, en particular en su inicio. El perro en pintura representa la fidelidad. Sin embargo, este animal tiene una actitud violenta y desafiante; ¿Quién traiciona a Jesús? «¡Salve, maestro! y lo besó. Pero Jesús le contestó: «amigo, ¿a que vienes?». ¡Amigo!: Judas de amigo fiel se convierte en el traidor. La idea, el proyecto que tenía en su cabeza según el cual Jesús, siendo el Mesía, tenía que liberar el pueblo de Israel desafía el plan misterioso de Dios; y Judas se vuelve violento.

Nótese, que siendo una pintura barroca: el juego del chiaroscuro, el naturalismo -y un Jesucristo bastante musculado, que podría recordar a Michelangelo (también su mentor era un admirador de este genio del Renacimiento)-, Van Dick no pinta a Jesús en un charco de sangre o inmerso en una escena truculenta, sino que prefiere centrase en el dolor espiritual de ese rostro que transmite un agotamiento extremo.
La segunda pintura que vamos a examinar es el «Cristo Triunfante Sobre El Pecado y La Muerte» de Peter Paul Rubens. Fue creada en 1615 y se encuentra en la Galería Nacional de Arte de Washington DC.
Se cuenta que para la obra pictórica Rubens utilizó modelos vivos. Se cree que la figura de Cristo está basada en el propio Rubens, y que los ángeles y las figuras alegóricas fueron amigos y familiares del artista.

Rubens utiliza su característico estilo barroco en esta obra: la composición es dinámica y dramática, muestra a Cristo en el centro de la escena, con una gran fuerza y vigor (es conocida su devoción por Miguel Ángel), con los brazos abiertos y las piernas firmes, como si estuviera a punto de saltar hacia el espectador. El color juega un papel importante en la obra, con una paleta rica y vibrante.
Cristo triunfante está rodeados por ángeles que le coronan como Rey, Señor y Mesías,


le proclaman Vencedor sobre la muerte y Cristo alza con su brazo la bandera de la Victoria.

Peter Paul Rubens pinta figuras alegóricas que Cristo pisotea con sus pies heridos por los clavos de la cruz. La serpiente simbol del diablo que tentó a Eva para que cayera en el pecado y la calavera, simbol de la muerte, consecuencia del pecado original, son vencidos por la Cruz y Resurrección de Cristo.

Julián Lozano afirma que la segunda lectura del Domingo de ramos en la Pasión del Señor que es la carta de San Pablo a los Filipenses (2,6-11) describe un movimiento en forma de «V». En la primera parte de dicha carta se describe la mansedumbre llena de dolor y sufrimiento de Cristo:
«Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Julián describe estas palabras como un descender: «se hace esclavo -desciende-, se hace obediente -y sigue descendiendo- hasta la muerte de cruz. Este movimiento descendente llega hasta lo más hondo, lo más profundo. El que es la vida desciende hasta la muerte».
Pero, la segunda parte de la carta de San Pablo, según el Párroco de Pablo VI, transforma el movimiento descendente anterior en un movimiento ascendente y origina la letra «V» de victoria:
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Julián se sincera: «en el momento de la Eucaristía, me gusta poner la «V» de la Victoria, delante de la asamblea, y esto es lo que quiere realizar Jesús en mí y en ti.»

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