«¿Que hace Cristo en la cruz?

Julián Lozano pregunta «¿Que hace Cristo en la cruz? : Rezar. Jesús muere de la misma manera en como ha vivido, es decir, hablando con el Padre.«

Las Siete PalabrasSeptem Verba– es la denominación convencional de las siete últimas frases que Jesús pronunció durante su crucifixión, antes de morir, tal como se recogen en los Evangelios canónicos. No puede determinarse su orden cronológico.

  1. «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». – Pater dimitte illis, non enim sciunt, quid faciunt (Lucas, 23: 34).
  2. «De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso». – Amen dico tibi hodie mecum eris in paradiso (Lucas, 23: 43).
  3. «¡Mujer, ahí tienes a tu hijo! Hijo ¡Ahí tienes a tu madre!». – Mulier, filius tuus est! Ibi habes matrem tuam Juan! (Juan, 19: 26-27).
  4. «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». – ¡Elí, Elí! ¿lama sabactani? (Mateo, 27: 46) – Deus meus Deus meus ut quid dereliquisti me (Marcos, 15: 34).
  5. «Tengo sed». – Sitio (Juan, 19: 28).
  6. «Consumado está». – Consummatum est (Juan, 19: 30).
  7. «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». – Pater in manus tuas commendo spiritum meum (Lucas, 23: 46).

Escuchando la meditación del viernes santo, de Julián Lozano (en adelante J.L), sobre las últimas siete palabras de Cristo, en mi nació el deseo de comentar unos cuadros que reproducen algunas de ellas.

«San Lucas (23,46): «Padre en tus manos entrego mi espíritu». Jesús muere dándose, entregándose, ofreciéndose, salvando y convirtiendo»(J.L)

Durante la crucifixión de Cristo, los Evangelio de Mateo (27,54) y Marcos (15,39) cuentan la experiencia de conversión de dos hombres. El primero es el buen ladrón que llaman Dimas, este se encontraba crucificado a un lado de Jesús y le ve morir.

Beato Angelico, Crocifissione e santi, sec XV. Firenze, Convento di San Marco.

«El buen ladrón, que estando a su lado de Cristo durante las tres horas que estuvo crucificado, le escuchó rezar: «Elí, Elí! ¿lama sabactani? -Deus meus Deus meus ut quid dereliquisti me». Le vio perdonar a sus verdugos «Pater dimitte illis, non enim sciunt, quid faciunt». San Agustín en su genialidad, reflexionando sobre estas palabras dice que no solo les perdona, sino que les disculpa». Por lo tanto, cual es la respuesta de Dios frente el pecado? El perdón». Sigue J.L «San Agustín recrea un dialogo entre el mismo y el ladrón redimido: «Dimas. ¿Qué pasó? Me miró y yo le miré y, en esta mirada lo entendí todo»».

Los dos ladrones, Dimas y Gestas -estos son los nombres de los dos malhechores, que les otorga el Evangelio de Nicodemo o Acta Pilati– increpan a Jesús, los dos ladrones se burlan del más inocente de los hombres, sin embargo, Dimas vio …

y ¿Qué vio? La Misericordia hecha carne, el Rostro de la Misericordia, los ojos de la Misericordia (con un determinado color de iris).

En el fresco de Beato Angélico vemos perfectamente que Gestas, el ladrón de la derecha no mira a Jesús; chilla desesperado la propia soledad. Es un grito desgarrador, lleno de desesperanza.

Mientras que, Dimas mira a Cristo y está oyendo (como nos comentó J.L) de los labios de Jesús el nacimiento de un mundo nuevo, donde se puede perdonar el mal recibido y el propio. Está sereno porque ha concluido su camino y ha visto la Esperanza.

De esta pintura nos impacta la concreción física de este hombre, es decir, la presencia de vello en el pechos y en las axilas, y la perilla.

Tanta verdad sirve para que el significado de la escena sea «más verdadero»; la salvación es una decisión y la santidad, no necesariamente, es el premio de una vida impoluta.

Cristo y el Buen Ladrón, Tiziano

En el lienzo de Tiziano, conservado en la Pinacoteca nazionale di Bologna, es una obra tardía del 1566, vemos una composición torcida: Cristo moribundo ocupa el primer plano; su cabeza y su cuerpo están iluminados. Mientras que, el ladrón en posición frontal parece hablar a Jesús y, empieza el dialogo tras haberle reconocido como su Salvador: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

El segundo personaje que experimenta su conversión es el centurión.


San Juan refieren como este hombre traspasó con su lanza el costado de
Cristo: «Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.  Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis.  Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron» (19,34-37) Las Acta Pilati contenidas en el Evangelio Apócrifo de Nicodemo añade
el nombre del personaje: «Y un soldado, llamado Longino, tomando una lanza,
le perforó el costado, del cual salió sangre y agua».
 La tradición iconográfica medieval, representó a Longino como un símbolo de la Iglesia que reconoce al Mesías. «Por su parte, el centurión y los que estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: “Verdaderamente, Éste era Hijo de Dios”» (Mt 27,54).
En segundo lugar, es de notar la postura del soldado en el cuadro: de espaldas
al público y con su mano izquierda expresando admiración ante Jesús, porque
acaba de reconocerle como Hijo de Dios, no solo es imagen de conversión,
sino que permite al espectador identificarse con su contemplación, veneración, arrepentimiento y conversión.

Termino con la obra de Tintoretto, que expresa el dialogo entre Cristo y su discípulo amado Juan, entregándole a Su Santa Madre.

«Crucifixión», Tintoretto, siglo XVI, Scuola grande di San Rocco, Venezia

La crucifixión de Cristo duró más de tres horas. Jesús fue acostado y clavaron sus muñecas en el madero horizontal, que era conocida con el nombre de patibulum. El madero vertical estaba clavado al suelo de forma permanente. Los romanos usaban clavos que eran de entre trece a dieciocho centímetros de largo, afilados en una punta aguda. El nervio mediano, era atravesado. Este nervio, es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Cuando fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies -seguramente con un solo clavo- y, eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas. En el instante de estar en posición vertical, sus brazos se estiraron brusca e intensamente, y ambos hombros deben de haberse dislocado -«dislocados están todos mis huesos», Salmos 22-.

Al romper ese tendón y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar. El dolor era tan insoportable que literalmente no existían palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada «excruciante» (que significa «de la cruz») para describir semejante dolor.

Cuando la persona está colgada en posición vertical, la muerte es lenta, muy dolorosa y por asfixia, debido a que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Para poder exhalar, en principio, el individuo debía apoyarse en sus pies -que para este instante estaban fijos con clavos al madero- para que los músculos tensionados, se alivien por un instante al menos. Cuando esto se hacía, el clavo desgarraba el pie hasta que quedaba fijado -incrustado- en los huesos tarsianos. Este drama lo repetiría mientras tuviera vida para exhalar, magullando su lacerada espalda en forma reiterada contra el áspero madero de la cruz, hasta que ya no pudiese y entonces moría. Jesús murió así.

El lienzo de Tintoretto muestra perfectamente el dinamismo de su cuerpo que acabo de describir para pronunciar «Mulier, filius tuus est! Ibi habes matrem tuam Juan! (Juan, 19: 26-27).

Detalle

«Su flagelo previo, cargar la cruz hasta el Gólgota -fuera de la ciudad-, su pasión no bastaba, y entonces nos regala a María, nos hace sus hijos. María está llamada a engendrarnos en la fe, en la vida de Dios» (J.L)

Juan es el discípulo amado por Cristo y nos representa a todos; Jesús hubiera muerto por la salvación de un solo hombre o mujer.

«Consummatum est» (Juan, 19: 30); ¿Qué se ha cumplido? La promesa de Dios mediante la redención realizada en Cristo Jesús, Su Hijo; en el pregón pascual cantamos «Él ha pagado por todos al Eteno Padre la deuda de Adán, y con su sangre, derramado por amor, ha cancelado la condena antigua del pecado (…). Esta es la noche que nos salva de la oscuridad del mal (…). Sin el pecado de Adán, Cristo no nos habría rescatado. ¡Oh feliz cupla! Que mereció tan grande Redentor».

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