«FIAT…»

Simón Mormion VS Beato Angélico.

Este es un collage de dos imágenes que representan a la Virgen María. La primera a mi izquierda es «La Madre Dolorosa» de Simón Marmion, pintor francés del siglo XV y a mi derecha es un detalle del cuadro «La Anunciación», del Beato Angélico, pintor italiano del siglo XV.

María en estas dos pinturas no se encuentra en la misma circunstancia. En la pintura de Simón Marmion, la Virgen está en luto, como demuestra el color de su vestimenta; es la Virgen de los dolores del sábado santo, día en que su Hijo Jesucristo es crucificado.

La describe muy bien el poeta Ch. Péguy en «El misterio de la caridad de Juana de Arco»:

María su madre lo encontraba muy bien. Ella era feliz, estaba orgullosa de tener ese hijo. (…) Hasta el día en que comenzó su misión. (…) Lloraba desde hace tres días. (…) Lloraba y lloraba. Como ninguna mujer ha llorado nunca. (…) Seguía como si ella fuese del cortejo. De la ceremonia. Seguía como una acompañante. Seguía como una sirviente. Seguía como una pobre mujer. (…) Como una mendiga. Ellos que nunca habían pedido nada a nadie. Ella ahora demandaba caridad. Sin aparentarlo pedía caridad. Porque sin tener aspecto de eso, sin saberlo siquiera, pedía la caridad de la piedad. De una piedad. De una cierta piedad. Pietas. (…) Ella seguía y lloraba. Lloraba y lloraba. También ella había sufrido el calvario. También ella había subido, (…) había subido al Gólgota. Hasta el Gólgota. (…) Eso es lo que había hecho de su madre. Maternal. Una mujer en lagrimas. Una pobre. Una mendiga. Una pobre en la miseria. Una especie de mendicante de piedad.>>

La pintura del Beato Angélico representa a María delante del Arcángel Gabriel que le anuncia el concebimiento del Hijo de Dios. En el Evangelio de San Lucas, el ángel expresa de esta forma la Promesa de Dios: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

María en aquel instante se estaba dedicando a rezar, como lo demuestra el libro que tiene apoyado sobre sus piernas. El Beato Angélico usa para ella dos colores, que normalmente se utilizan para pintar las vestimenta de Cristo: la túnica roja, símbolo en la iconografía cristiana de naturaleza divina; aquí se refiere al concebimiento del Hijo de Dios y por lo tanto, a ser la madre de Dios. Y el manto de color azul, símbolo de su naturaleza humana.

¿Por qué hice un collage de estos dos cuadros?, además de tratarse de dos pintores que seguramente ni siquiera se habrán conocido. Porque me impactó la postura de las manos de la madre dolorosa de Simon Marmion, ya que me recordó la misma postura de las manos de la Virgen en el Beato Angélico.

En la Anunciación del Beato Angélico, la postura de las manos de María significan la respuesta que da al mensajero de Dios: Fiat – Hágase en mi según tu palabra -. Confía en las palabras de Dios. Y toda su vida será traspasada por este Sí a la promesa que le hizo Dios; también, el día en el que se encontró con el profeta Simeón, que la dijo <<Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma» (Lucas 2, 33-35). También, en aquella ocasión recordó la promesa.

En el cuadro de Simón Mormión encontramos la misma postura de las manos, esta vez, delante de su amado Hijo crucificado. Siempre me he preguntado si María, viendo el martirio y la muerte de su hijo, dudó, es decir, si habrá pensado «¿Donde está ahora la promesa de Dios?, ¿Dónde está este reino que no tiene fin y del que mi hijo será rey?». Evidentemente, nunca tendré la respuesta – hasta que tenga a la Virgen delante de mis ojos…. -, sin embargo, el cuadro del pintor francés me dio la respuesta, o por los menos, una hipótesis de respuesta. María, también delante de la cruz dijo Fiat – hágase en mi según tu palabra -. No había motivos para dudar, había visto treinta y tres años de la vida de Jesús, y en particular, sus últimos tres años, en los que conoció a sus 12 amigos, vio a Lázaro resucitar, a un ciego recobrar la vista, a un leproso curarse y otros tantos, tantos acontecimientos extraordinarios. ¿Por qué dudar ahora? Tenía 33 años de experiencia de las maravillas que hace el Señor.

Tiziana Valendino

Una respuesta a “«FIAT…»”

  1. Avatar de Ignacio Santa María
    Ignacio Santa María

    El arte cristiano tuvo durante muchos siglos una función catequética, más que ornamental, ya que era el instrumento con el que se podía transmitir al pueblo verdades de fe de una forma eficaz. Con gran agudeza, Tiziana Valendino sabe contemplar estas obras y extraer de ellas las verdades que contienen.

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